Sobre el lugar originario de la verdad

Apuntes críticos al §44 de Ser y Tiempo

Dr. José Ruiz

El parágrafo §44 de Ser y Tiempo tiene tres partes. En la primera se expone la concepción de la verdad como concordancia y se apuntan los fundamentos ontológicos en que se mueve el fenómeno de la verdad así entendida. En la segunda se trata de mostrar que la verdad acaece originariamente con la aperturidad del Dasein. La esencia originaria de la verdad es mostrada así con un carácter existencial. La concepción tradicional de la verdad como correspondencia presupone y se funda en esta verdad originaria. En la tercera parte y a partir de la dilucidación anterior de la esencia originaria de la verdad, se expone y trata de aclarar el modo de ser que tiene la verdad, en qué sentido cabe sostener que “hay” verdad y qué tipo de necesidad nos obliga a “suponer” que la “hay”.
En estos apuntes trato de exponer las razones por las que considero erróneo el modo como Heidegger determina la esencia originaria de la verdad. También trataré de apuntar dónde se encuentra, en mi opinión, su lugar originario. Voy a hacer primeramente una exposición esquemática del modo como Heidegger concibe la esencia originaria de la verdad como un existencial para, a continuación, apuntar algo así como una revisión crítica de esta concepción. Como el número de cuestiones imbricadas en este parágrafo es muy grande, algunas serán dejadas de lado o quedarán tan sólo apuntadas.

1. Breve exposición de algunos puntos esenciales

Heidegger, antes de exponer cuál es el lugar originario donde la verdad acaece, recusa que el juicio o la adecuación del juicio a la cosa sobre la que el juicio versa constituyan tal lugar. Allí donde la verdad se piensa como una relación de adecuación entre dos términos heterogéneos (pensamiento y cosa, lo juzgado y aquello sobre lo que se juzga) surge el problema de entender cabalmente el carácter y sentido de esta relación. Heidegger, en particular, señala que allí donde lo juzgado en el acto de juzgar se toma como un sentido ideal y se concibe la verdad como una suerte de concordancia entre una idealidad significada y una cosa real, queda en el aire el carácter y modo como tal concordancia haya de ser entendida.
Heidegger, a través de un ejemplo, trata de mostrar que no es una relación de concordancia entre dos términos heterogéneos el lugar originario de la verdad, sino que la acreditación del ser-verdadero acaece en virtud del estar vuelto que descubre algo. Heidegger considera qué sentido fenoménico tiene la acreditación del juicio formulado de espaldas a la pared que expresa que el cuadro allí colgado está torcido. El juicio tiene ya el carácter de un estar vuelto al cuadro mismo de que se trata. Al darnos la vuelta y confirmarse que el cuadro está efectivamente torcido, el juicio se acredita como descubridor: se acredita que el enunciado descubre el ente hacia el que estaba vuelto. No tenemos en esta acreditación un sentido y un objeto que hubiera que comparar para validar el primero por el segundo, sino un único estar vueltos al ente mismo de que se trata: el ente que el juicio mostraba y que luego era mostrado originariamente en la percepción como siendo el mismo al que se refería el enunciado. Acreditación es, por tanto, evidencia de que el ente mismo es tal y como el enunciado lo muestra y descubre. El ser-verdadero del enunciado tiene que entenderse como un ser-descubridor de aquello de que se trata.
El ser-verdadero del enunciado ha de ser entendido, por tanto, como ser-descubridor. A su vez, el ser-descubridor, sólo se hace posible en virtud de la constitución ontológica del Dasein en tanto que ente que es-en-el-mundo. En otras palabras, el ser-verdadero, en tanto que ser-descubridor, encuentra su fundamento en el modo de ser del Dasein.
Aquello que en último término hace posible todo descubrimiento óntico es el Dasein. El Dasein, el ente que existiendo es-en-el-mundo, conforma así el fundamento originario de la verdad misma. Sólo porque hay un ente al que en su ser le va su propio ser, un ente proyectado en posibilidades y extáticamente abierto a un mundo, hay verdad. La esencia de la verdad es la esencia del Dasein mismo. La constitución ontológica del Dasein es la esencia originaria de la verdad porque constituye la última condición de posibilidad del ser-descubridor. Por eso puede decir Heidegger que “verdad, en el sentido más originario, es la aperturidad del Dasein” (S&Z, p.223) y que “la verdad, entendida en su sentido más originario, pertenece a la constitución fundamental del Dasein. El término verdad designa un existencial” (S&Z, p.226).
La aperturidad, la constitución existencial del “Ahí”, el “ser-en” del Dasein en tanto que existente que es-en-el-mundo, es la esencia originaria de la verdad. La verdad existe, su esencia originaria es la existencia. Por eso mismo, los momentos que Heidegger destacó al explicitar el ser del Dasein como cuidado (aperturidad, condición fáctica de arrojado, caída, proyecto) articulan el modo como la verdad existe. En particular y debido a que el Dasein tiene una constitución existencial intrínsecamente cadente, una constitución que le lleva a proyectar su aperturidad desde posibilidades impropias, la verdad es cooriginaria con la no verdad o, lo que viene a ser lo mismo, ser-descubridor es a la vez ser-encubridor.
La verdad como correspondencia y la verdad del enunciado tienen su fundamento originario en la verdad existencial. La comprensión del lugar originario de la verdad al modo de una concordancia entre un juicio que está a mano y de la cosa a la que el juicio se refiere, es la interpretación cadente de la verdad, la comprensión óntico-mundana y nivelada del fundamento ontológico-existencial que originariamente hace posible todo descubrimiento y al que remite toda comprensión y toda interpretación particulares.
“¿En qué conexión óntico-ontológica está la “verdad” con el Dasein y con esa determinación óntica del Dasein que nosotros llamamos comprensión del ser?” (S&Z, p.213). Respuesta de Heidegger: la esencia originaria de la verdad es el ser mismo del Dasein, el ente comprensor de ser, el ente que es descubridor en tanto que es-en-el-mundo.
En la tercera parte del parágrafo 44 Heidegger apuntará las consecuencias que de esta dilucidación de la esencia originaria de la verdad se derivan. De lo dicho más arriba se deduce que “la verdad es tan sólo mientras el Dasein es y en la medida en que es” (S&Z, p.230) si, además, “tan sólo mientras el Dasein, es decir, mientras la posibilidad óntica de comprensión del ser, es, se da ser” (S&Z, p.212) tenemos entonces que “ser y verdad son cooriginarios” (S&Z, p.230), esto es, cooriginarios en el Dasein mismo. Es decir, que ser y verdad los hay en tanto que y en la medida que “existe” el ente que es-en-el-mundo. En este marco da Heidegger respuesta a un par cuestiones sobre la “existencia” de verdades eternas, sobre la subjetividad de la verdad y sobre lo que deba entenderse, en contra de todo escepticismo, por la presuposición de la verdad.
Respecto a lo primero, Heidegger señala que si el ser de la verdad está en conexión originaria con el Dasein, la afirmación de verdades eternas no deja de ser vacía mientras no se haya demostrado la efectiva existencia eterna del Dasein mismo. Cabe dar otro paso y pensar que, en realidad, en el marco de Ser y Tiempo ni siquiera tendría sentido el planteamiento de la pregunta por la existencia eterna del Dasein pues no podemos hacernos problema del tiempo o la eternidad al modo de un horizonte “autónomo” en el que el Dasein pudiera o no existir “por siempre”. Si la temporalidad acaba mostrándose en Ser y Tiempo como el fundamento originario del ser del Dasein: ser, verdad, tiempo y Dasein serían cooriginarios. La pregunta por la eternidad del ser, la verdad o el Dasein se torna así vacía de sentido: tanto como ser y verdad son cooriginarios lo son la verdad y el tiempo... ser y tiempo.
Respecto a si la conexión originaria entre verdad y Dasein no conlleva el carácter subjetivo de la verdad, Heidegger responderá que, por un lado, la verdad efectivamente se modaliza existencialmente: la verdad, en cuanto descubrir, es un modo de ser del Dasein. Las modalizaciones existenciales del Dasein son modalizaciones existenciales del ser-descubridor. Ahora bien, esto no quiere decir que la verdad se torne algo sometido al arbitrio de un “sujeto”. Por la misma razón que el Dasein no puede ser pensado como “sujeto” sino como la condición extático-horizóntica u ontológico-trascendente, de todo ser-descubridor, la verdad no “es” algo al arbitrio de un “sujeto” que estuviera ya ahí, sino que “es” el fundamento existencial originario que hace posible la consideración óntica de una verdad como universalmente valedera o como subjetivamente conformada.
Finalmente, Heidegger da algunos apuntes en relación al carácter de la “presuposición” que da por sentado que hay verdad. En tanto que el Dasein está constituido por la aperturidad, como proyecto y anticipación de sí y de las posibilidades que en cada caso le van, la esencia originaria de la verdad como ser-descubridor está ya puesta en obra con nuestra existencia. Por eso mismo liga Heidegger el escepticismo originario, la negación originaria de la verdad, con el suicidio, es decir, con la aniquilación de la existencia y, con ello, del fundamento originario de la verdad misma.
Heidegger no está apuntando aquí a una demostración de la efectividad de la verdad al uso entendida, esto es, a una verdad que pudiéramos asegurar y determinar; Heidegger no pretende tampoco algo así como una “refutación” del escepticismo al uso entendido. No hay que olvidar que lo existentivamente descubierto no deja de estar para Heidegger cooriginariamente en la verdad y en la no verdad. La verdad tomada en un sentido existencial originario, por otro lado, no es algo que pudiera ser sometido a demostración, pues ella misma es la condición de toda demostración: el Dasein no puede someterse a sí mismo a demostración en lo que hace a su verdad originaria.

2. Contrapunto crítico

Advierto de entrada que, en lo que hace al tema en cuestión, me opongo a la posición de Heidegger de manera casi completa. Lo que va a continuación no es un comentario sino más bien un contrapunto crítico. En todo caso, no me opongo a Heidegger porque sí, sino porque me parece que su concepción no toca el centro del problema, esto es, la esencia originaria de la verdad.
Heidegger critica la concepción tradicional que ve el lugar originario de la verdad en la adecuación del juicio a la cosa haciendo ver que esta comprensión de la verdad presupone o, mejor dicho, se funda originariamente, en la verdad existencial entendida como el fundamento ontológico que hace posible el ser-descubridor mismo. Mi crítica a esta concepción de la verdad “existencial” quiere hacer a Heidegger este mismo reproche: que el ser-descubridor existencialmente entendido presupone una verdad más originaria, la patencia misma en la que toda existencia se muestra.
En el texto se nos dice que la verdad en el sentido más originario es la aperturidad del Dasein. Cuando hablé sobre la aperturidad como constitución del ser-en del Dasein, señalé ya que la aperturidad existencial que abre a “algo”, está a su vez abierta, es decir, que en nuestra vida inmediata se han hecho ya patentes y comprensibles las posibilidades que nos son propias y la disposición afectiva en la que nos encontramos, si bien no temáticamente ni como correlato intencional de nuestra atención. La aperturidad del Dasein presupone su transparencia fenoménica, es decir, presupone una mostración que, en sí misma, no tiene ya un carácter existencial. En lo que hace al problema de la esencia originaria de la verdad cabe trasladar lo que ya dije en esa ocasión de la siguiente manera: la constatación de la verdad como existencial ser-descubridor, presupone la patencia fenoménica del Dasein mismo en tanto que existente. El ser del Dasein mismo, en tanto que ente que existiendo es en el mundo, se muestra: no al modo de un correlato existentivamente descubierto, sino en la patencia fenoménica consustancial a toda vida. Esta patencia es, por tanto, la condición de posibilidad originara de todo ser-descubridor existencial es, por tanto, la esencia originaria de la verdad.
Apuntalaré esto que va dicho por medio de algunas consideraciones en torno a cierta ambigüedad en el modo como el Dasein aparece concebido a lo largo de Ser y Tiempo. Creo que el carácter “óntico-ontológico” que se atribuye a un único ente, al Dasein, es ambigua y que, en realidad, es la expresión de una preconcepción que opera desde el inicio de la obra y que no se pone nunca en cuestión. Fijémonos en que:
1. Que en el Dasein se juegue la comprensión de ser, esto es, que todo lo ente se “presente” al Dasein, quiere decir que toda comprensión está incardinada en el horizonte o constitución ontológica que es propio del Dasein: la existencia, el cuidado, la temporalidad. Todo descubrimiento retrotrae de esta manera al ser-descubridor existencial. Aquí, el ser del Dasein se ha tomado como la esencia ontológica de toda manifestación. Es decir, con esta comprensión del Dasein como lugar de la comprensión del ser, se ha decidido ya el carácter originario de la verdad, del ser-descubridor mismo. Fijémonos que, en tanto que el ser del Dasein es tomado aquí como la esencia originaria de la manifestación, el Dasein no comparece aquí propiamente como “un ente” con un ser determinado, sino como la esencia ontológica de todo lo ente. Por otro lado,
2. Que el Dasein este tomado como un ente particular quiere decir que el Dasein tiene un modo propio de ser que se fenomeniza: el Dasein es el ente existente, el ente que siendo en el mundo le va su propio ser. El ser del Dasein se muestra sin duda: al vivir está haciéndose fenoménicamente patente este carácter del Dasein que es el modo de ser de un ente particular.
Nótese ahora la tensión en que estas dos “determinaciones” se encuentran cuando se aplican a un mismo “ente”. En primer lugar, no cabe concebir que el hacerse patente del Dasein retrotraiga originariamente a su misma constitución ontológica pues es esta constitución lo que se está haciendo patente y manifiesto. En realidad, el hacerse patente del ser del ente que existe retrotrae al saberse a sí mismo de toda vida. Esta patencia es la proto-desvelación en que se funda tanto el mostrarse del Dasein como el mostrarse de todo lo ente. Si esto es así, lejos de ser la constitución ontológico-existencial del Dasein la condición descubridora originaria de todo lo que es, ella misma y todo lo que de alguna manera acaece, acaece sólo porque la vida es patencia de sí misma. Pero si esta patencia es la condición de posibilidad para que un ente como el Dasein sea, esto quiere decir que la determinación de la verdad como ser-descubridor existencial es una determinación derivada. La verdad ya se ha manifestado inextática e “inexistencialmente” allí donde la esencia originaria del ser-descubridor se piensa como aperturidad existencial.
La tensión entre ambas determinaciones del Dasein no se elimina señalando que el Dasein, en tanto que ser-en-el-mundo, cubre, en cierto sentido, no a un ente particular, sino el lugar donde se muestra todo lo que se muestra y que, por eso, la constitución ontológica del Dasein puede tomarse como la esencia de toda manifestación. La ambigüedad fundamental que envuelve al Dasein se hace aquí particularmente visible. El Dasein no puede pensarse al mismo tiempo y en el mismo sentido como el ente cuyo ser se manifiesta siendo-en-el-mundo y como la esencia originaria a la que remite la manifestación de todo ser-en-el-mundo (ser del Dasein incluido). Se trata de dos cosas distintas: una es modo de ser que muestra el ente existente, otra la esencia de la manifestación a la que remite todo lo que se muestra.
Esta ambigüedad en la doble concepción óntico-ontológica del Dasein confunde y amalgama la problemática ontológico-fundamental de una manera que ahoga todo posible planteamiento. En tanto que el ser del Dasein se ha tomado como la esencia a la que retrotrae toda manifestación, huelga la búsqueda del sentido del ser en cuanto tal. La diferencia entre el ser del Dasein y el ser en cuanto tal es sólo aparente si se ha asumido de entrada que el ser del Dasein es la esencia de la manifestación de todo lo ente y la esencia originaria de la verdad. En realidad, con esta asunción se ha tergiversado de entrada el verdadero problema: dilucidar la esencia de la manifestación a la que el Dasein remite y que él no es, sino que presupone en tanto que su ser se hace manifiesto. Al final del parágrafo 44 nos dice Heidegger “Ser y verdad son cooriginarios. Qué significa que el ser “es” cuando debe distinguírselo de todo ente, sólo podrá ser preguntado concretamente una vez que se haya aclarado en general el sentido del ser y el alcance de la comprensión del ser” (S&Z, p.230). Pues bien, me parece evidente que dilucidar qué signifique “ser” distinguido de todo lo ente (distinguido también, por tanto, del Dasein en tanto que ente manifiesto), no podrá ser nunca aclarado si se ha olvidado de entrada la condición de posibilidad a la que originariamente remite la patencia y comprensión misma de todo lo que es, Dasein incluido. Es esta manifestación inextática e inexistencial la única que hace ser y verdad cooriginarios. Esta cooriginariedad no puede buscarse en el Dasein, el cual, en tanto que ente manifiesto, se mueve ya en una verdad o mostración más originarias.
Porque la condición de posibilidad originaria de toda manifestación está en Heidegger presupuesta y olvidada la esencia originaria de todo lo manifiesto y de la verdad misma no se hace patente sino que se invierte y desfigura. El ser-descubridor existencial es una concepción de la verdad ligada a un modo de ser ya manifiesto: es, pues, una concepción derivada y fundada en la esencia originaria de la verdad “inexistencial” que hace tal posible tal manifestación.
De la esencia originaria de la verdad que he querido defender y que, como espero haber mostrado, está presupuesta en la concepción de la verdad existencial, se deriva un modo de ser de la verdad radicalmente distinto del que Heidegger apunta. Voy a tratar de apuntarlo en lo que hace a los tres puntos que Heidegger considera: en lo que hace al darse de verdades eternas, al problema del carácter subjetivo de la verdad, y al carácter de la presuposición de que hay verdad.
a)Sobre las verdades eternas: Tiempo y temporalidad son en tanto que se hacen patentes. Son pues en la verdad. Lejos de ser la temporalidad la condición originaria de la verdad, todo mostrarse del tiempo presupone la esencia originaria de la verdad. En otras palabras, no es la esencia originaria de la verdad relativa al darse en el tiempo sino que, a la inversa, la verdad originaria es la condición de posibilidad originaria del darse de algo como tiempo. Aquello que se muestra no es últimamente relativo al tiempo sino a la esencia originaria de la verdad que, en la medida en que constituye la condición de posibilidad misma del mostrarse de todo tiempo, es atemporal. La verdad de lo que se muestra no es, por tanto, en su esencia originaria, esto es, en su patencia misma, propiamente eterna sino atemporal.
b)Sobre el carácter subjetivo de la verdad. La esencia originaria de todo lo que se muestra no tiene un carácter subjetivo u objetivo. Tales caracteres son derivados, es decir, presuponen la esencia originaria de la verdad como patencia fenoménica. De hecho, y en contra de lo que Heidegger pensaba, la verdad tampoco se modaliza existencialmente: toda modalización existencial presupone la patencia misma de lo que existencialmente se muestra, y la presupone además como su esencia inexistencial. La verdad, en su esencia originaria, no puede modalizarse existencialmente: el Dasein, en tanto que ente que le va su propio ser y que existe libremente en un poder-ser determinado, está ya antecedentemente en la verdad.
c)Sobre el tipo de suposición en que consiste la presuposición de la verdad. En un sentido originario y en contra de lo que Heidegger dice, el escéptico ni siquiera puede estar existencialmente contra la verdad u oponerse a la verdad: el escéptico está ya en la verdad y toda posición existencial “contra la verdad” presupone este originario estar ya en la verdad. Tampoco cabe decir, en propiedad, que el suicidio extinga la verdad: la verdad originaria es la condición misma del suicidio y este no puede apuntar contra tal condición. El suicidio en tanto que posición existentiva podrá apuntar, en todo caso, contra la existencia del que existe, pero no contra la esencia originaria de la verdad que “sostiene” tal existencia.
En ningún caso hay “necesaria presuposición” de la verdad originaria en un sentido existencial porque la verdad existencial se funda ya en la verdad originaria: La esencia originaria de la verdad es la condición de posibilidad de todo proyectarse existencial y no es este su presuposición o puesta en obra. Es el proyectarse existencial mismo el que está ya en la verdad. La esencia originaria de la verdad está más acá de todo “presuponer” y de toda modalización existencial.
Por último, se comprende a partir de lo ya dicho que es falso que tan originaria como la verdad sea la no verdad: sólo porque originariamente hay verdad puede haber en un sentido derivado no-verdad. La no-verdad presupone la esencia originaria de la verdad: la no-verdad sólo es haciéndose patente, esto es, sólo es en la verdad.

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