García-Baró. Una carta sobre las últimas realidades.

Aquí tenéis un texto sobre las últimas realidades, cedido por Miguel para nuestra página:

"Me he detenido en la carretera esta mañana, acechado por la zozobra de tener que darte una respuesta hoy mismo, de no poder demorarla más, cuando me siento muy por debajo del papel que me has atribuido. Quería probar el silencio del campo; quería que la belleza del amanecer se completara con la belleza del silencio.
Siempre que hago algo así, recuerdo una frase extraordinaria de Simone Weil, algún día en que se vio ella en una circunstancia semejante a la mía. Admiraba la divina huella en el campo solitario de la primavera y se lamentaba tan sólo de que allí, en vez de haber únicamente el cielo, la tierra, las mieses y las colinas, estuvieran también sus ojos y sus oídos; porque el paisaje no es paisaje sin nosotros bañándonos en él, pero cuando no estamos, es seguramente algo más grande aún y más alto.
No había allí, en el lugar donde me paré, más que dos alternativas: o yo estaba absolutamente solo, o bien Dios también estaba. Pero no era cosa de dejarse llevar a ningún entusiasmo franciscano, porque así me desviaría de mi propósito. Sé de sobra que lo malo de los argumentos para probar la existencia de Dios es que no son más que argumentos (¿no lo has leído en Rosenzweig?); pero tú me has pedido algo que sea más (o menos, pero de otro orden) que un entusiasmo pasajero; algo que tenga el aire de los argumentos pero también, de algún modo, sea bastante más que un silogismo. Y puesto en ese trance, la primera idea o experiencia que me llenaba en aquel momento solemne del amanecer era la de la infinita improbabilidad de que Dios exista." ... 


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