Barbaras. Introducción a una fenomenología de la vida. Intencionalidad y deseo.


Nos comunica el profesor Serrano de Haro, quien dirige la Colección Ensayo, de Editorial Encuentro, la publicación de Introducción a una fenomenología de la vida. Intencionalidad y deseo, de Renaud Barbaras, primera obra de Barbaras que se traduce al castellano, realizada por Jesús María Ayuso Díez. 

Nos dice Serrano de Haro que es "el primer libro de la filosofía" propia de Barbaras, según el mismo Barbaras declara en el "Prólogo a la edición española", entendiendo por ello la primera obra en que su voz creadora está más presente que el diálogo fecundo con otras grandes voces del pensamiento fenomenológico —sobre todo con Husserl, Merleau, Patocka—, un diálogo que también prosigue aquí su curso. Va precedida de una presentación del pensamiento de Barbaras por Luis António Umbelino. Aquí tenéis la información: 

ISBN 978-84-9055-027-4
Páginas: 536 pp
Editorial Encuentro

«La vida ocupa un puesto singular en la fenomenología. No hay pensamiento fenomenológico, empezando por el de su fundador, para el que esta noción no desempeñe un papel central. De la Lebenswelt husserliana a la vida fáctica del primer Heidegger, de la vida descrita por Merleau-Ponty en La estructura del comportamiento a la Vida como pura auto-afección tematizada por Michel Henry a lo largo de toda su obra, la vida está, en cierto sentido, en el centro de las grandes fenomenologías y, en gran medida, es lo que éstas intentan pensar. Con todo y con eso, nos costaría caracterizar con alguna precisión lo que cada una de estas filosofías entiende por vida, así como evidenciar un concepto fenomenológico de vida. Es como si nunca se pensara en la vida misma, y únicamente fuera invocada como lo que, siendo obvio en cierto sentido, permite apropiarse o determinar lo que constituye el auténtico centro temático de la fenomenología, a saber: la actividad del sujeto trascendental en cuanto constitutivamente relacionado con un mundo, si se me permite expresarlo de modo tan somero. De suerte que la vida no pasa de ser un concepto operativo, en lugar de temático, por no decir una mera invocación mágica: está omnipresente y a la vez curiosamente ausente, dado que nunca es ---¡qué menos!--- objeto de una auténtica interrogación».

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